Tao de la sexualidad – reciclar la energía sexual

tantra_1La energía sexual es la energía más concentrada que el cuerpo produce. El objetivo de esta energía cuando sale al mundo es crear otro ser humano. Cuando se reorienta y se le da un movimiento ascendente por el sistema de meridianos, la energía sexual es capaz de regenerar el organismo, revitalizar, rejuvenecer y permitir el desarrollo de la conciencia.  Como nuestras emociones están íntimamente ligadas con los órganos vitales, la energía sexual reciclada es capaz de multiplicar las emociones que fluyen de dichos órganos. Podemos multiplicar las emociones positivas o negativas-gran amor o terrible cólera. El reciclaje de la energía sexual exige una práctica regular y mantenida que transforme las emociones negativas. De lo contrario se convierte en un arma de doble filo en manos de un practicante inexperto.  La energía sexual es la materia prima del proceso de auto desarrollo. Desafortunadamente, para muchas personas, una gran cantidad de traumas y problemas están asociados con la energía sexual, como la autoaceptación y la habilidad de forjar relaciones armoniosas.  En este retiro nos proponemos iluminar los tremendos beneficios que el reciclaje de la energía sexual ofrece a hombres y mujeres de cualquier edad, a la vez que refinamos las técnicas energéticas para llevarlo a cabo.

 

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El suicidio: entrevista con Juan Li

“El suicidio es un tema muy relevante en nuestros días, porque en las noticias vemos con frecuencia a jóvenes inmolándose para provocar atentados y en las grandes ciudades multitud de personas desesperadas deciden acabar con sus vidas.El conocimiento de qué sucede al realizar ese acto es prácticamente nulo y en Occidente incluso se cree que con el suicidio uno se escapa del dolor y el sufrimiento. Sin embargo, en las diferentes tradiciones orientales el tema de la muerte se ha estudiado mucho. Según el sintoísmo, por ejemplo, un ser humano cuando nace, vendría destinado a vivir un cierto número de años, y si el individuo se suicida y corta así su vida, el tiempo que le faltaría por vivir lo pasaría en un estado intermedio, un limbo, confuso e incómodo.” Entrevista a Juan Li por Pere Muñoz Avellaneda

Habíamos acordado llamarnos a principios de julio para volver a quedar y charlar de algún otro tema interesante. Al descolgar el auricular y escuchar la pronta respuesta de una Renu extrañamente exaltada me quedé un tanto sorprendido. Pocos segundos después la voz de Juan me aclaraba las dudas. Acababan de recibir noticias de que una buena amiga americana al parecer se había quitado la vida pegándose un tiro en la cabeza con el arma de su compañero, y estaban viviendo momentos de incertidumbre por las constantes llamadas que llevaban haciendo y recibiendo durante horas y las informaciones que les iban llegando. No supe qué decir. Creo que farfullé un «vaya» o un «lo siento». Juan propuso que dejásemos pasar unos días y que el próximo tema a tratar fuera precisamente ése: el suicidio.

 Por supuesto. Ante algo así había que hacerse la idea. Por otra parte, era un tema interesante… y extraño. Al colgar el teléfono me vinieron a la mente toda una serie de imágenes: un familiar que en diversas ocasiones nos había amenazado con tirarse por el balcón y que en una ocasión estuvo a punto de conseguirlo… una amiga a la que sus padres habían llevado a urgencias en diversas ocasiones por haberse cortado las venas… las incontables tentativas de envenenamiento de una mujer cuya familia acaba internándola cada cierto tiempo en una unidad psiquiátrica… un adolescente que consiguió ahorcarse en el garaje de su casa después de un desengaño amoroso… o alguien que se tiró a la vía del metro, causando el lógico estupor de todos los que allí estábamos…

El mal sabor de boca de todos aquellos recuerdos me hizo reflexionar sobre algo ciertamente siniestro pero a tener en cuenta. Más que nada por lo disimulado que suele estar en nuestra sociedad de grandes titulares, pese a lo frecuente que es, porque todos podemos saber de alguien que ha intentado (y quizá logrado) dejar este mundo antes de hora, fruto de un período de vacío existencial. Por no hablar de las incomprensibles y fugaces ideas suicidas o autodestructivas que a más de uno se nos han pasado por la cabeza en algún momento de nuestras vidas.

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